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domingo, 4 de junio de 2017

LAS TRINCHERAS DE ORWELL


Siempre que me he acercado a ver las trincheras de Orwell no he sentido nada. Nunca que he andado entre los pinares que pueblan, entre tomillo y carrasca, la sierra que las bordea he dejado de sentir. Será cosa del Bandido Cucaracha que anda con los jabalíes huyendo de la Espera. Me cuesta escribir de nada.

Será que me gusta imaginármelo desapareciendo entre la bruma como el Che en la jungla. Ni me gustan el ISIS ni los SIS sin más. Ni el 5 ni el 6 a pesar de ser tan habituales y cotidianos como el euskera en Iparralde. No me gusta los MI ni los tú. No me gusta todo.

No creo en las listas, ni negras ni verdes, ni en los partidos animalistas que de política no entienden. Nunca me gustan la mayoría de cosas que deberían de gustarme. Ahí está Cien años de Soledad abandonado en la página veinte aunque me guste lo de la estirpe condenada. 

De estirpes entiendo…. hace ya tiempo que mi padre me dijo que los hijos eran como los perros… que con el tiempo... se les cogía cariño…

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