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sábado, 19 de agosto de 2017

LA IMPLOSIÓN DEL DOLOR


Después del embotamiento afectivo al que no me veía abocada a sucumbir - podía haber apagado la televisión - me dispongo a relajarme ante el dolor de las cosas que no se han mencionado, a disiparme entre el silencio de las preguntas omitidas, a embelesarme con los actos caricaturescos de los homenajes a los muertos – a los nuestros -, a desvanecerme por entre las respuestas que sólo contesta entre aullidos el único perro de mi estirpe que permanece despierto en la agosta ciudad del cierzo.
 

Niña palestina en ciudad de Gaza. MOHAMMED SABEREFE
Y es que mi perro y yo sabemos que todos los gatos son pardos, sobre todo por la noche, cuando se bombardean pueblos y las sirenas suenan y solo se ve a lo lejos cruzar la calle a Pedro Navaja con las manos siempre dentro el gabán. Y es que a cada instante golpea la impotencia del origen de las cosas, las medias explicaciones presionadas por el tiempo y la unidad pastosa y repetitiva de esos que se autoproclaman demócratas como quien compra en las tiendas de todo a 0,60€, algo de usar y tirar, algo que sabes que aunque es de mala calidad cuesta tan barato como un bombardeo de Irak con sus niños de piel oscura incluidos. 

Y es que hay muchas víctimas y muchos culpables y he creído reconocer en los homenajes de estos días a muchos de esos culpables, por acción u omisión, de la muerte de los muertos a los que dicen honrar. Muchos de los culpables de haber desmantelado ejércitos y burocracias soberanas y de mantener a fuerza de mercenarios la inestabilidad en otras tantas zonas, dispersando por el mundo el rencor del deshonor de los vencidos, de haber comerciado con la sangre bordada sin pudor en las camisetas de equipos - multinacionales genocidas - de fútbol que se financian con la misma sangre negra de esos pueblos. 

Después sí, he visto a 14 víctimas y a otras 5 que pasaban por ahí desde los barrios periféricos de la miseria que genera no tener sitio en ninguna parte y también he visto a un rey y a unos cortesanos que no creían realmente en lo que habían proclamado y a un CNI y a un presidente de un no-país muy tranquilo como cuando se ponen los pies sobre la mesa en cumbres asesinas, satisfecho de su suerte, quizás no tan aleatoria, y entonces sí, entonces me hubiera metido en un zaguán para echar un trago para olvidar.

Es entonces cuando mi perro, que es mas sabio que yo, me ha golpeado con el hocico y me ha recordado que hoy comenzaba la liga de fútbol y que el día estaba malo y que hoy como ayer el cielo otra vez podía esperar.


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